jueves, 15 de enero de 2026

La vida como gratitud

En verdad, es fundamental desarrollar la propia identidad, un conjunto de máximas que nos permiten saber en un espacio de tiempo y en un contexto, quienes somos. Lo anterior no significa que esa esencia tenga una volatilidad indiscriminada dependiendo del contexto, sino que se asume que la realidad es cambio, pero que la misma no tiene el potencial para determinar al ser humano completamente. Ejemplos virtuosos los hay y por supuesto, la mente nos llevará de forma inmediata a Víctor Frankl y su capacidad de resiliencia para encontrar un sentido en medio de entorno completamente desfavorable.

Cuando existe una identidad clara, también hay apuestas, acciones concretas que nos llevan a apuntalar eso que somos. Se hace todos los días y es más común en personas que tienen metas poco comunes o que salen de los estándares preestablecidos, aquellos innovadores. De forma constante podemos encontrar este discurso en empresarios, pero también en otras vocaciones trascendentes, la espiritualidad invita a ir más allá, lo hace también cada una de las profesiones que rompe esquemas.

En el aterrizaje de estas formas de pensar, mediadas por la realidad y a veces por la posibilidad es decir con lo que se cuenta en múltiples dimensiones, ocurren una serie de hechos o sucesos relevantes que actúan como dinamizadores de nuevos pensamientos, reflexiones y a la postre, acciones. Algunas nos llevan a mantenernos en el estatus quo, más o menos sin variaciones, lo cual no necesariamente tiene una connotación negativa, pues en la vida, hay ritmo que son meritorios tan solo por mantenerlos, no hablo aquí de un desgastante esfuerzo o de cansancio, sino también por ejemplo de estilos de vida saludables y equilibrados. Pero también, hay otros días con sus respectivas vivencias que nos llevan a picos de alegría, de entusiasmo, pasión o emoción. En una visión sencilla podríamos hablar de que en contraste, también hay hechos que nos pueden entristecer, enojar o frustrar. Todos ellos mueven esquemas dentro de nosotros, existiendo múltiples posibilidades pues nos pueden llevar a atrincherarnos en algún caso extremo o bien a reinventarnos para encontrar nuevas soluciones, entre una gran cantidad de posibilidades.

En ocasiones estamos preparados para fortalecernos nuevamente ante algún hecho inesperado, encendemos el botón de la resiliencia y nos preparamos para atender lo que emergió, pero en ocasiones, la vida es generosa y presenta escenarios distintos donde lo que debía ser correcto se corrige, la disculpa que debía ser emitida se presenta y se hace justicia. Así sucede con los estudiantes que se forman para ser los futuros maestros, en ellos, la armadura aún no están tan oxidada y su inteligencia emocional es todavía muy fuerte.  

martes, 13 de enero de 2026

El pasado y el futuro desde los valores

Por: Jesús Marmolejo

Cada inicio de año, es una posibilidad para el ser humano para analizar lo que ha ocurrido en el pasado, los aprendizajes que ha dejado, el crecimiento que ello ha proporcionado y por supuesto, las nuevas posibilidades de cara al futuro. 

Es fundamental cuando se hace el ejercicio de retrospectiva, estar en la sintonía adecuada, que está compuesta, como siempre debe ser, por valores. Algunos de ellos, que ayudan a un mejor análisis del pasado son la gratitud, por todo lo ocurrido, que nos generó oportunidades, que nos permitió crecer, que motivó nuevos aprendizajes, el entendimiento de otros mundos o realidades, así como los métodos que personalidades específicas utilizan para salir adelante en las vicisitudes del día. 

Hay mucho más, el pasado nos permite una gran cantidad de autoconocimiento, cuando a las experiencias son mediadas por la reflexión. Permite que cada vez más conozcamos algunas de nuestras fortalezas, las cuales hay que aquilatar y saber que son un potencial, es decir, que por ese espacio puede encontrarse nuestro mayor desarrollo, nuestro diferenciador. De la misma forma, permite conocer nuestros retos,  aquellas actividades, actitudes o habilidades que se nos complican o que debemos mejorar o regular.

Otro valor fundamental en este tipo de análisis es el reconocimiento del aprendizaje, la posibilidad de profundizar en algunos sucesos fundamentales, para ubicar tanto lo que nos ha funcionado como aquello en lo que se requiere trabajar. Es en definitiva fundamental asumir la posición de aprendices, pues la condición humana trae consigo dinamismo, emociones, pasiones, equivocaciones, decisiones geniales y otras menos certeras, pero de lo que se trata es de ser conscientes de ellas para poder seguir adelante.

Un valor adicional es el precisamente no apegarse a elementos que pueden ser volátiles, se puede trabajar por mantenerlos o acrecentarlos, en la medida de las posibilidades, pero no se puede garantizar lo que está en manos de otros, algunas condiciones externas como las económicas o inclusive, la salud. Por ello, es relevante analizar qué nos define, cuál es nuestra esencia, que nos permite tanto una identidad como nuestra forma de superación de forma histórica, esto puede ser nuestro entusiasmo, el dinamismo, la capacidad de generar relaciones y vinculaciones, el hablar con seguridad de nuestro conocimiento, la búsqueda de oportunidades y la actitud resiliente. Son ejemplos de algunos aspectos con los que aunque el resto del entorno se modifique, podremos contar porque dependen de nosotros.

La esperanza es, seguramente, otro valor, pues nos permite creer en las posibilidades que tiene para nosotros Dios, nuestros semejantes, la realidad, la propia familia y por supuesto, nuestro esfuerzo. 

Se debe agregar la pasión, para compartirse en aquello que se sabe puede abonar, donde podemos ser un aporte para los demás, como el orden, la organización, la sistematización, el trato humano e inspirador, el conocimiento, la fuente de nuevas perspectivas, la comprensión del otro. Desde esa perspectiva se puede transitar con seguridad, orgullo y confianza en el servicio a los demás.

Desde la gratitud, una postura de aprendizaje constante, el desapego, la pasión y la esperanza, es posible leer el pasado pero también prospectar el futuro. En este punto se está en un momento donde no hay soledad, porque el pasado te muestra que hay personas con la capacidad de confiar en ti y tu en ellas, de la misma forma que cada paso en esta vida trae consigo lecciones valiosas, experiencia. Es un momento desde el que se agradece lo que se tiene, se valora y se busca cuidarlo, pero estableciendo prioridades como lo es siempre el amor al ser humano. Se da uno cuento de que el objetivo no es el dinero, per se, sino el servicio otorgado al otro y que la esperanza es algo que nos ha acompañado y que debe continuar ahí.

La vida es dinamismo por lo que en el futuro debe garantizarse que estará ahí, e inclusive debe ser propiciada por la persona, porque todos los sueños están del lado del movimiento, de la concreción, de la investigación, de la búsqueda de opciones y la toma de decisiones. De aquí que sea tan relevante reconocer a la realidad como un continum, que la misma naturaleza provoca y la humanidad como parte de ella. El movimiento será bien recibido con esencia, con aquello que nos caracteriza y será incluso bien aprovechado para el aprendizaje.

Optar por una mira con valores al analizar el pasado y proyectar el futuro, no significa que todo lo que se haga sea del agrado del resto del mundo, pero sí que te debe ayudar en tu forma de ser, vivir, convivir y servir a los demás. De hecho, es relevante como esos dos conceptos se unen en el castellano "servir" cuya palabra se podría componer de "ser" y de "vivir", de donde podríamos obtener el "vivir como se es", pero para ello el gran reto es contar con una forma auténtica, genuina, consciente de ser en esta vida. Dicho en otro orden de ideas, para poder ayudar a otros, primero se debe tener una estabilidad en materia de identidad, y la que puede estar mayormente en nuestras manos es la de elegir lo que se cree y se piensa, como la base para el resto de las creaciones y manifestaciones del pensamiento, como lo pueden ser las acciones.